Así responde tu sistema nervioso cuando vives en modo alerta
- Claudia Salas
- 21 oct 2025
- 4 Min. de lectura
Si te cuesta relajarte incluso cuando deberías estar tranquila, si te despiertas cansada o sientes que no puedes “apagar la cabeza”, no estás exagerando: tu sistema nervioso está haciendo horas extra

1. Cuando el cuerpo vive en estado de emergencia (aunque tú digas que estás “bien”)
No hace falta un terremoto emocional para sentirse sobrepasada.A veces basta con tres pestañas abiertas en la cabeza: trabajo, familia y autocuidado (ese que nunca llega).
Y ahí estás tú, aparentemente calmada, pero con el corazón acelerado, la mandíbula apretada y los hombros viviendo su propia telenovela.Tu cuerpo está convencido de que algo grave pasa, aunque solo estés tratando de encontrar estacionamiento o responder un correo amable con tono profesional.
Esa sensación no es debilidad. Es tu sistema nervioso autónomo —ese piloto automático que regula tu respiración, el ritmo cardíaco y la digestión— gritando: “¡Estamos en peligro!”.Solo que el “peligro” puede ser la presión diaria, la hiperexigencia o el simple hecho de no parar nunca.
En el link encontrarás un estudio que lo explica muy bien https://my.clevelandclinic.org/health/body/23273-autonomic-nervous-system?utm_source=chatgpt.com
2. Cómo funciona (sin pedirte permiso)
Tu sistema nervioso tiene dos grandes modos de operación:
Simpático: el acelerador. Es el que entra en juego cuando suena la alarma, te llaman del colegio o recuerdas la cuenta que no pagaste.
Parasimpático: el freno. El que aparece cuando estás tranquila, respirando profundo, digiriendo o mirando una serie sin multitareas.
El problema es que muchas vivimos con el acelerador atascado.Dormimos con el corazón apurado, comemos con el sistema digestivo en huelga y pensamos en la lista de pendientes incluso cuando hacemos yoga.Y claro, el cuerpo no distingue entre “me persigue un león” y “tengo 57 mensajes sin responder”.
Harvard lo llama la respuesta del estrés. Puedes revisar aquí el artículo
3. Estrés agudo vs. estrés crónico: el dilema de vivir en alerta
El estrés breve puede ser útil: te activa, te enfoca, te salva.Pero el estrés sostenido convierte el modo “alerta” en el modo “vida”.El sistema simpático se queda encendido y el parasimpático ni se asoma.
Los estudios llaman a esto carga alostática, que suena elegante pero significa: “tu cuerpo se cansó de sostenerte sin descanso”.→ Revisión en Frontiers in Integrative Neuroscience (2020).
¿Consecuencias?
Digestión desregulada.
Sueño liviano.
Pensamientos circulares.
Y ese cansancio profundo que ni un finde largo arregla.
Cuando esto se mantiene en el tiempo, el cuerpo se vuelve el reflejo de una mente que nunca se desconecta.
4. Don Simpático y Don Parasimpático: la tragicomedia interna
Imagina una oficina dentro de ti.Don Simpático es el jefe acelerado: toma café, da órdenes, no almuerza y vive diciendo “¡hay que rendir!”. Don Parasimpático, en cambio, es el que intenta poner música suave y apagar las luces a las 7 PM.
Mientras se turnan, todo fluye. Pero si Don Simpático se apodera del escritorio, la empresa colapsa: empleados agotados, correos sin leer, impresora echando humo. Y ahí estás tú, con migraña, colon irritable y cero ganas de socializar.
5. Lo que sí tiene evidencia (y no requiere mudarte al Tíbet)
Respirar de verdad. No de esas respiraciones de “inhala dos segundos porque toca meditar”. Hablamos de respiración diafragmática lenta, que estimula el nervio vago y baja el ritmo del corazón.
Revisión sobre el nervio vago – Frontiers in Neuroscience (2021).
Reinterpretar el estrés. No siempre se trata de eliminarlo, sino de verlo distinto.Un estudio de 2023 mostró que entender el estrés como desafío (y no como amenaza) mejora la respuesta autonómica.
Mover el cuerpo. Caminar, bailar, subir escaleras. No por “bajar el estrés”, sino porque el movimiento es la forma natural que tiene el cuerpo de descargar energía simpática acumulada.
Dormir (en serio) No cinco horas y media con el celular al lado. Dormir bien restaura el tono parasimpático.Sin descanso, el cuerpo se mantiene en estado de guerra.
Silencio o mindfulness (pero sin postureo) El silencio genuino —ese en que te quedas quieta sin música ni notificaciones— mejora la regulación del SNA.
Vínculos realesUna charla amable, un abrazo, un rato sin juicios.La conexión humana activa el sistema de seguridad interna.
6. Y lo que aún no sabemos (o no tiene tanta evidencia, pero da risa)
La teoría polivagal suena poética, y aunque ha inspirado buenas prácticas corporales, la ciencia sigue debatiendo su solidez.
Los suplementos “para calmar el sistema nervioso” son más marketing que milagro (aunque el magnesio y la B12 algo hacen).
Y no, sumergirte en agua con hielos no es necesario para activar el parasimpático… salvo que tengas calor extremo o un mal día y quieras jurar que renaciste.
7. En resumen
Tu cuerpo no está fallando: está protegiéndote con las herramientas que tiene. Solo necesita recordarle que ya no hay peligro.
A veces eso empieza con algo tan simple como soltar los hombros, exhalar profundo y dejar de pelear con el cansancio.
“No todo lo que se siente tenso está roto. A veces solo está intentando descansar.”
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