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El cerebro sensible: lo que la neurociencia revela sobre la sensibilidad y la fortaleza

  • Foto del escritor: Claudia Salas
    Claudia Salas
  • 8 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Durante décadas, muchas personas que se describen como muy sensibles han sentido que su forma de percibir el mundo es invalidada.¿De dónde viene esta confusión? ¿Por qué se asocia sensibilidad con fragilidad? La neurociencia hoy ofrece respuestas sólidas para resignificar esa idea: ser sensible no es un defecto, sino una forma legítima del procesamiento humano.


1. ¿Qué es la sensibilidad de procesamiento sensorial?


El concepto de Sensory Processing Sensitivity (SPS) fue propuesto por Elaine y Arthur Aron en los años noventa. Describe una mayor capacidad del sistema nervioso para procesar estímulos físicos, emocionales y sociales con más profundidad y detalle.


En su estudio pionero de 1997, los autores demostraron que la SPS no equivale a introversión ni a emocionalidad excesiva: es un rasgo independiente con bases biológicas propias (PubMed).

Posteriormente, Aron et al. (2012) revisaron evidencia genética, neurofuncional y evolutiva, destacando que la “profundidad del procesamiento” es la característica central del rasgo (Scott Barry Kaufman). Más recientemente, Pluess (2023) planteó que las personas difieren en su sensibilidad al ambiente: algunas responden más intensamente —para bien o para mal— a las experiencias de su entorno (ScienceDirect).


2. ¿Por qué no es debilidad? Hallazgos del cerebro sensible


Uno de los estudios más citados, Acevedo et al. (2014), titulado The highly sensitive brain: an fMRI study (Brain and Behavior), mostró que las personas con alta SPS presentan mayor activación cerebral en regiones asociadas a la empatía, la atención y la planificación, como el cíngulo, la ínsula y el giro frontal inferior, al observar rostros emocionalmente expresivos.


En otras palabras, los cerebros sensibles no ignoran los detalles: los integran y los vinculan con su propio estado interno y con el de los demás.

Un estudio más reciente (2021) sobre conectividad cerebral en reposo encontró que mayor SPS se asocia con redes neuronales más activas en atención, memoria y procesamiento emocional (Karger Publishers). Estos resultados apoyan que las personas sensibles procesan con mayor profundidad la información emocional y ambiental, lo que puede generar desgaste… pero también una percepción más rica y precisa del entorno.


3. Por qué confundimos sensibilidad con debilidad


La sensibilidad implica captar matices: sonidos, gestos, silencios y emociones que muchas personas pasan por alto. En una sociedad que valora lo inmediato y lo visible, ese tipo de percepción puede parecer “exagerada”.

Algunos factores que refuerzan esta confusión:

  • Una cultura que premia la rapidez y la exterioridad. Lo interno y sutil rara vez se reconoce como fortaleza.

  • Falta de lenguaje para validar la sensibilidad. Muchas mujeres aprendieron a reprimir lo que sentían porque su entorno no lo comprendía.

  • Malinterpretación clínica. En psicología, la alta sensibilidad se ha confundido con ansiedad o inestabilidad emocional, cuando en realidad son fenómenos distintos.

Y porque no nombrar un sistema altamente machista, donde el la sensibilidad si se usa como insulto.

No se trata de un defecto, sino de una manera distinta de procesar la vida.


4. Cómo vivir con sensibilidad (sin agotarte)


Ser sensible no significa sufrir más. Significa aprender a cuidar un sistema nervioso afinado.Algunas estrategias útiles:

  • Reconócelo conscientemente: tu sensibilidad tiene base neurofisiológica.

  • Cuida tus límites sensoriales: prioriza espacios tranquilos, pausas y rutinas que te calmen.

  • Rodéate de empatía: busca vínculos que validen tu forma de sentir.

  • Recárgate con lo que te regula: naturaleza, arte, silencio o movimiento suave.

  • Busca acompañamiento terapéutico si hay dolor o sobrecarga: integrar la sensibilidad es parte del proceso.


5. Redefinir la narrativa

Cuando le decimos a alguien sensible “eres débil”, le pedimos que apague su luz interna. Podemos cambiar ese relato:

Tu sensibilidad es una forma de inteligencia perceptiva. Si aprendes a sostenerla y modularla, puede convertirse en tu mayor fortaleza.

¿Y si tu sensibilidad fuera el punto de partida para conocerte mejor?


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