EL OLFATO COMO SUPERPODER
- Claudia Salas
- 7 dic 2025
- 4 Min. de lectura
De la incomodidad sensorial a la experiencia sublime
Por Claudia Salas — Psicóloga & Neuropsicóloga
Cuando sentir demasiado es un arma de doble filo
Las personas altamente sensibles —y muchas neurodivergentes— no observamos el mundo:lo sentimos con el cuerpo entero.
A veces eso duele porque va con todo, para las experiencias en la categoria de agradables o desagradables.
Los olores mezclados de un mall, el ruido que no baja nunca, el roce de una etiqueta, la aglomeración humana…Para otros son molestias.Para nosotras, son activaciones directas del sistema límbico que saturan, irritan y agotan.
En serio No es exageración. Es neurofisiología, te lo cuento: Ocurre que procesamos más estímulos, más rápido y más hondo.
Pero en ese mismo rasgo que incomoda, se esconde algo extraordinario:la posibilidad de experimentar la belleza y el placer con una intensidad que la mayoría no conoce.
Ahí vive la dualidad de la alta sensibilidad.
Neurociencias del aroma: el acceso directo a la emoción
El olfato es la única vía sensorial que llega directamente al sistema límbico sin filtros racionales. Por eso un aroma puede derrumbarte o reconstruirte en un segundo.
Un estudio clásico publicado en Progress in Neurobiology explica que los olores activan de forma inmediata la amígdala, el hipocampo y la corteza orbitofrontal, regiones que procesan emoción, memoria y significado (Herz & Engen, 1996). Es decir: un olor es una emoción encapsulada en una molécula.
Esto es especialmente cierto en personas sensibles: Nuestro umbral de activación es más bajo y la intensidad es mayor, tanto para la incomodidad como para el placer.
Si un olor desagradable puede desviarte un día completo,un aroma armónico puede repararte en segundos.
Ese es nuestro superpoder.
Construir espacios que regulan: el ambiente como medicina silenciosa
La mayoría vive anestesiada a su entorno.Nosotras no.Y aunque a veces lo vivimos como carga, en realidad también puedes decidir verlo desde la perspectiva que es una brújula finísima. Ya esta ahi, mejor dejar de rabiar y decidir cambiar lo que si esta a tu alcance y sobre lo que SI tienes total poder.
La evidencia nos dice que:
● La luz modula ansiedad y calma
Luz cálida = parasimpático. Luz blanca intensa = vigilancia y tensión.
La regulación lumínica es una intervención psicológica cotidiana.
● El ruido agota más que la emoción
Ruidos constantes crean microactivaciones de amígdala que, sumadas, elevan cortisol y dispersión mental. No es “maña”: es acumulación fisiológica.
● El calor aumenta irritabilidad y reduce autocontrol
Estudios de psicofisiología ambiental —como los de Anderson et al. (2001) en Journal of Personality and Social Psychology— muestran que temperaturas sobre 27–28°C aumentan la agresividad, disminuyen tolerancia a la frustración y reducen la capacidad de razonamiento complejo. En simple: con calor, pensamos peor y regulamos peor.
● Los aromas son interruptores cerebrales
Un olor desagradable dispara alerta. Uno seguro activa la memoria emocional y baja tensión muscular.
El entorno nos modela minuto a minuto.
La sensibilidad como lenguaje propio del cuerpo
Cuando dejas de pelear con tu sensibilidad, algo cambia: empiezas a leer tu cuerpo como un instrumento preciso. Y para las personas autoexigentes, o que hasta les cuesta identificar que estan cansadas, o no se dan cuenta hasta que estan enfermas...no es tarea trivial en realidad. Pero tu cuerpo sí habla, y lo hace mucho antes que tus pensamientos:
Si un espacio te agota, es información.
Si un aroma te calma, es neurobiología.
Si cierta luz reduce tu ansiedad, es un mensaje.
Si una textura te irrita, no es “delicadeza”: es tu sistema nervioso marcando límites que tu a veces .
Las personas sensibles no reaccionan “de más”.Reaccionan con más datos, con más entrada sensorial, con más profundidad. Es mucha precisión.
Y esos datos son o pueden ser brújula para diseñar bienestar:
bajar volumen,
ventilar para bajar temperatura,
elegir luz cálida,
usar aromas que anclen seguridad interna,
crear rincones donde el cuerpo se pueda desarmar sin juicio.
Y sin duda hay muchisimas mas alternativas, cada una debe ir revisando cuales son las que sirven y cuales no.
No es vivir en una burbuja.Es vivir en conciencia.
La experiencia sublime: cuando el cuerpo por fin puede sentir
Una degustación, para muchas personas, es un acto gastronómico. Para nosotras, es un acontecimiento neurobiológico completo.
El aroma que expande el pecho,la textura que despierta la corteza somatosensorial,el equilibrio perfecto que activa el sistema de recompensa,el retrogusto que obliga a cerrar los ojos porque el cuerpo quiere quedarse ahí.
Eso es la experiencia sublime:cuando todos los sentidos se alinean y la sensibilidad deja de ser amenaza para convertirse en presencia plena.
Es en esos momentos donde el ruido interno se apaga,donde el cuerpo descansa,y donde recordamos quiénes somos sin defensas.

Preguntas que abren camino
Para transformar tu sensibilidad en capacidad, podrías preguntarte,
¿Qué estímulos te drenan energía hoy?
¿Qué pequeños ajustes sensoriales te devuelven la calma?
¿Qué espacios te permiten bajar la guardia?
¿Dónde podrías dejar de adaptarte y empezar a habitar?
Tu sensibilidad no está aquí para ser contenida. Está aquí para guiarte. En vez de considerarte solo mañosa, abrete a esta otra opción.
Encontrar tu propio Instinto
Buscar tu propio Instinto no es buscar un lugar físico: es encontrar un modo de estar en el mundo donde tu sensibilidad no te traicione, sino que te acompañe.
Donde sentir intensamente es una herramienta, no un problema. Donde el cuerpo deja de defenderse y empieza a experimentar la vida en su versión más profunda, más honesta y más sublime.
Porque, al final, la pregunta no es cómo ser menos sensible. La pregunta real es:
¿Dónde está el espacio donde tu sensibilidad se convierte en tu superpoder?



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